A la hora de desinfectar y tratar heridas leves hogareñas, lo hacemos siguiendo ciertas costumbres y creencias. Por ejemplo, esta instaurado que el alcohol y agua oxigenada, son útiles para tratar heridas. En algunos casos, estos hábitos pueden ser contraproducentes.
El alcohol es un muy buen desinfectante en lo que respecta a objetos, superficies y piel intacta. Tiene la capacidad de eliminar un buen porcentaje de microorganismos, como hongos, bacterias, virus, etc.
Pero en el caso de heridas abiertas, sólo empeora las cosas. En principio, duele, porque irrita y agrede los tejidos. Retrasa la cicatrización e inactiva los tejidos vivos disminuyendo su eficacia ante los gérmenes. Deshidrata la herida, desecándola y coagula proteínas, creando una especie de “costra” que aísla la herida, favoreciendo el crecimiento de microorganismos en ausencia de oxígeno.
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